La epidural en el parto

La analgesia epidural es el recurso más utilizado en nuestra sociedad para aliviar el dolor del trabajo de parto. Tenemos que tener claro que analgesia no es lo mismo que anestesia. La analgesia nos reduce o alivia la sensación dolorosa; la anestesia además nos bloquea la parte motora. Esto significa que la epidural en el parto debe ser utilizada para calmar el dolor, no para quitarnos las sensaciones y la movilidad.

Le tenemos miedo al dolor, y por ello en muchas ocasiones la epidural es en lo único que pensamos cuando nos hablan del parto. El dolor es necesario en nuestro cuerpo para mandarnos señales, para identificar lo que pasa. El dolor del parto nos hará conectar con nuestro cuerpo y con nuestro bebé, nos hará saber en qué fase nos encontramos, nos hará colocarnos de forma instintiva en una posición u otra… el dolor puede convertirse en nuestro aliado.

Y para calmarlo existen recursos que pueden ser utilizados previos a la epidural o en lugar de ésta. Un buen acompañamiento por la persona que deseas, un ambiente agradable, los masajes en la espalda, el agua caliente, la movilidad, el uso de la fitball o el óxido nitroso son otros recursos igual de válidos.

(C) 2014 Michelle Garey Photography

Como matrona te recomiendo que no pidas la epidural si no la necesitas. Concéntrate en cada contracción y en el momento que estás viviendo ahora. Quizá la necesites dentro de media hora, quizá dentro de 5 horas, o quizá acabes teniendo un parto que no esperabas sin utilizarla. Pero nunca te adelantes. Es un recurso que está ahí y podrás solicitar cuando lo necesites, pero pedirla antes de ese momento no será beneficioso para el desarrollo de tu parto.

Aunque la analgesia epidural es una técnica bastante segura, también tiene sus riesgos. Durante el parto: más tasas de partos instrumentados y cesáreas, mayor uso de intervenciones (oxitocina artificial, rotura de bolsa artificial, sondaje vesical…), fiebre intraparto, hipotensión materna seguida de disminución de la frecuencia cardiaca del bebé… En el posparto: el bebé puede verse “adormilado” y dificultar el inicio de la lactancia, dolor en la zona de punción, dolores de cabeza…

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Por lo tanto, la epidural no es inocua, y debemos de conocer sus riesgos antes de decidir si queremos utilizarla.

 

¿Qué tengo que tener en cuenta si quiero ponerme la epidural?

  • Si es un parto que se inicia espontáneamente (es decir, no es un parto inducido), es conveniente esperar hasta que el parto esté en su fase activa (4-5 cm de dilatación).
  • Habla con el anestesista o matrona que lleve el control de la analgesia para que la dosis no sea demasiado elevada y puedas sentir lo que está ocurriendo en tu cuerpo.
  • Debes de poder mover las piernas sin problema. El movimiento es una parte imprescindible del trabajo de parto y sin él todo se vuelve más difícil. Trata de cambiar frecuente de posición: de lado, con las piernas en asimetrías, sentada, a cuatro patas…
  • Cuando llegue el expulsivo debes de sentir la sensación de pujar. El pujo del parto es un acto reflejo, como toser o estornudar, y por lo tanto nuestro cuerpo sabrá qué hacer si recibe la sensación. Muchos partos finalizan en instrumentado (ventosa, fórceps…) porque la mujer no percibe la sensación de pujo: pujar sin sensación no es siempre fácil, y puede llegar a ser agotador y poco efectivo.

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